El Sevilla FC pierde la Supercopa de Europa frente al FC
Barcelona en un partido marcado por la épica remontada de un Sevilla que no se
rindió en ningún momento y estuvo a punto de hacer la machada.
Tras la larga espera llegó el día de la final, un día que
pasaría a la historia del Sevilla y quedaría marcado en los recuerdos de todos
los sevillistas, un día en el que, aunque el equipo no logró el título, luchó contra
un todopoderoso equipo hecho a base de billetes y lo puso contra las cuerdas
delante de todo el mundo.
Comenzó el partido en Tiflis, el Sevilla salió al ataque y
cuando solo habían pasado dos minutos del pitido inicial Mascherano cometió una
falta en la frontal sobre Reyes. Banega lanzó la falta y el balón se coló en la
portería de Ter Stegen que se quedó como una estatua. Era el primer gol de los
muchos que hubo en el partido.
Poco duró la alegría para el conjunto hispalense, pues tres
minutos después Krychowiak frenó a Luis Suárez con una falta en la frontal que
Messi se encargó de transformar quitándole las telarañas al arco sevillista.
Con este gol el Barcelona calmó el ímpetu inicial del equipo andaluz y comenzó
a dominar el encuentro.
Cuando se cumplía el primer cuarto de hora de partido Banega
cometió una falta sobre Rakitic, esta vez el libre directo era desde una posición
más alejada que en el gol anterior, pero ni eso evitó que el astro argentino
diera la vuelta al marcador en apenas diez minutos. Si el primer gol fue duro,
el segundo fue un jarro de agua fría para un Sevilla que estaba ya muy metido
atrás y deambulando por el campo.
El árbitro también entro en acción como suele ser habitual
perdonando tarjetas al conjunto azulgrana como con una mano clarísima de Piqué
que cortaba un centro de Tremoulinas que acabó en córner.
El equipo catalán estaba en sus mejores minutos y quería el
tercero. Un gol de Luis Suárez a pase de Mathieu anulado por fuera de juego fue
el aviso de lo que vino después. Era el minuto cuarenta y tres cuando Luis
Suárez se plantaba ante Beto que aguantó la presión del momento y ganó el mano
a mano al uruguayo, sin embargo, el delantero culé recuperó el balón tras el
rechace y lo pasó a Rafinha que le ganó la posición a Coke para terminar
marcando el tercer gol del Barça.
La segunda parte comenzó mal para el Grande de Andalucía, un
tremendo balón regalado de Tremoulinas a Busquets en zona sevillista provocó un
cuarto gol del equipo contrario. Fue Luis Suárez quien lo consiguió a pase de
Busquets. Con el 4-1 el Barça se veía campeón, creía que el Sevilla bajaría los
brazos, pero estaban equivocados, no sabían lo que iban a sufrir.
El Sevilla sacó fuerzas de donde no las había, se rehízo, no
bajó los brazos en ningún momento, sacó su espíritu a relucir, la casta y el
coraje y así comenzó la épica.
En el cincuenta y siete Vitolo dio un centro medido desde la
izquierda a José Antonio Reyes y el utrerano, que entraba libre de marca, mandó
el balón al fondo de la red para meter a su equipo en el partido.
Eso no fue más que el principio, pues luego vino el gol de
Gameiro, transformando un penalti de Mathieu sobre Vitolo a veinte minutos del
final, y diez minutos después Immobile dejó sentado en el borde del área a Marc
Bartra para darle un exquisito pase de la muerte a Konoplyanka que marcó un gol
que hizo estallar la euforia nervionense, un gol que forzó la prórroga, un gol que
demostró que nunca se puede dar por vencido a al rival, un gol que mostraba al
mundo el espíritu sevillista, ese espíritu de no rendirse nunca y superar los
obstáculos que se anteponen en el camino. El Barça se veía contra las cuerdas,
ante once gladiadores que estaban dándolo todo en el campo y que estaban
dispuestos a dejarse hasta la última gota de sudor en él.
Llegó la prórroga y tras veinticinco agónicos minutos el
Barcelona se encontró con una de esas faltas que también le vinieron a lo largo
del partido, una falta en la frontal. Chutó Messi, rebotó en la barrera, el
argentino cazó el rechace y volvió a lanzar, paró Beto, pero el cancerbero
sevillista no logró atrapar el balón y Pedro lo metió entre los tres palos.
Restaban cinco minutos para el final y el Sevilla siguió
luchando por el empate, lo tuvo Coke a pase de Banega y después lo tuvo Rami a
portería vacía tras un centro de Immobile al segundo palo, pero no pudo ser y
así acabó todo.
Obviamente no se puede estar contento con el resultado, pues
no hemos de conformarnos nunca con la derrota. Con lo que sí podemos estar
contentos es con la actitud del equipo, así es como se debe jugar al fútbol,
así es como llegaremos lejos.
El Sevilla ha perdido, pero ha caído como caen los grandes dándolo
todo en el campo, luchando hasta el final, sin rendirse por adverso que sea el
resultado, poniendo al rival contra las cuerdas.
A diferencia de la del año pasado, en esta final se ha
perdido con honor, hay que estar orgulloso del equipo porque le ha plantado
cara a unos de los equipos más ricos del mundo y dando una lección de honor, casta,
coraje, orgullo, pasión y de no rendirse jamás delante de todo el mundo. Las
finales solo las pierden quienes las juegan y para jugar una supercopa hay que
ser campeón.
Ficha del partido:
Alineación del FC Barcelona: Stegen, Alves, Mathieu, Pique, Mascherano
(Pedrito, m. 93), Busquets, Rakitic, Iniesta (Sergi Roberto, m. 62), Suárez,
Messi y Rafinha (Bartra, m. 78).
Alineación del Sevilla FC: Beto; Coke, Krychowiak, Rami, Tremoulinas;
Krohn-Dehli, Banega; Reyes (Konoplyanka, m. 67), Iborra (Mariano, m. 79),
Vitolo; Gameiro (Immobile, m. 79).
Árbitro: William Collum (Escocia).
Estadio: Borís Paichadze.
Goles: 0-1 Banega (2’), 1-1 Messi (7’), 2-1 Messi (15’), 3-1 Rafinha (43’),
4-1 Luis Suárez (51’), 4-2 José Antonio Reyes (56’), 4-3 Gameiro (Penalti) (72’),
4-4 Konoplyanka (80’), 5-4 Pedro (115’).
Tarjetas: FC Barcelona – Mathieu,
Pedro, Busquets. Sevilla FC – Krychowiak, Coke, Banega e Immobile.






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